Posts Tagged ‘SARA’

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Inessa Galante (soprano)

septiembre 19, 2009

 

739574133523La soprano letonia, Inessa Galante (en realidad, originariamente es Inesse), ingresó en la Academia de Música de Riga en 1977. Comenzó su carrera de cantante mientras todavía era una estudiante, y su incomparable voz pronto fue escuchada en la Riga Opera House y más tarde en otros países de la Europa oriental, incluyendo Rusia, donde se convirtió en cantante regular en la Ópera de Kirov, en San Petersburgo. Logró llegar a Occidente en una visita oficial a los Estados Unidos y Canadá junto con un grupo letón, y su performance fue aclamada por la crítica.

Sir Yehudi Menuhin y Zubin Mehta estuvieron entre los que le recomendaron hacer carrera en América, pero “en aquella época” (como lo dice la propia Inessa) “el muro entre los dos mundos era demasiado alto”. Por supuesto, ese muro se derrumbó, e Inessa hizo su debut bajo el contrato con la Ópera de Mannheim en Alemania en 19925, como Pamina en la “Flauta Mágica”, de Mozart. Luego tuvo otros veinte papeles principales en su repertorio operístico, pero desde entonces ha duplicado esa cantidad.

En una nueva visita a Riga en 1994, realizó una grabación patrocinada por el Baltic Bank, lo que fue, sorprendentemente, su debut en las grabaciones tras quince años en la escena operística. El CD resultante tuvo al principio un poca edición local, pero muy pronto algunas copias llegaron a una feria de música internacional y fueron finalmente escuchadas por Irving Wilson, un veterano productor independiente. Bajo el nuevo título de “Debut”, lanzado a nivel mundial por Campion Records, estas primeras grabaciones incluían la interpretación del Ave María, de Caccini (en un marco más moderno), que desde entonces se ha convertido en un objeto de culto. Después de “Debut”, Campion Records no sólo ha grabado otras dieciocho arias y canciones, sino que además, a sugerencia de la cantante, entabló una asociación con Radio Letonia, y así han descubierto y restaurado una gran cantidad de performances grabadas para su difusión y preservadas en archivos.

En 1996 Inessa Galante se mudó desde Mannheim hasta Oper am Rhein, Dusseldorf, donde sus primeros papeles incluyeron a Leonora (Trovatore), Mimí y Donna Elvira. Entre 1991 y 1999 Inessa Galante fue solista en la Ópera de Mannheim y en la Deutsche Oper am Rheim en Dusseldorf. Desde entonces realizó varias giras mundiales. Su voz se escuchó en el Théatre des Champs Élysées, en Radio France, Montpellier Festival (Francia) y St. Denis Festival (Estados Unidos); Barbican Hall, Gibson Hall, Royal Albert Hall, Wigmore Hall y en el Palacio de Kensington; Newport Music Festival (Estados Unidos), Royal Swedish Opera, Kremlin, Bolshoi Theatre (en Moscú, donde realizó su debut como Adriana en la ópera de F. Chileas “Adriana Lecouvreur”, en una producción del teatro de La Scala).

Inessa Galante ha trabajado junto con los directores más importantes del mundo, por ejemplo Yehudi Menuhin, Valery Gergiev, Zubin Mehta, Evelino Pido, Myung-Whun Chung, Miguel Gomez-Martínez, etc.

En este video, escuchamos a Inessa Galante en “Lascia ch´io piangia”, de Rinaldo (Handel). 

 

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Emmanuel Villaume

septiembre 2, 2009

El director de orquesta francés Emmanuel Villaume está en su décima temporada como director de ópera y orquesta del Spoleto Festival USA. Durante este tiempo ha dirigido numerosos conciertos sinfónicos y performances de óperas para el Spoleto Festival USA, incluyendo un exquisito ciclo de sinfonías de Mahler, el estreno americano de “Der Prinz von Homburg” de Henze, y producciones aclamadas de Manon Lescaut, Der Fliegende Holländer, Lakme, Ariadne auf Naxos, y Don Giovanni. Se convirtió en Director Artístico y Director Principal (Chief Conductor) de la Orquesta Filarmónica Eslovena en octubre de 2008, y en agosto de este año 2009 fue nombrado Director Principal de la Orquesta Filarmónica de Eslovaquia, en Bratislava, para la temporada en curso (2009-2010). En esta primera temporada, Villaume dirigirá la Quinta sinfonía de Mahler, el Gloria de Poulenc y la Sinfonía fantástica de Berlioz, entre otras obras.

Villaume dirige desde hace nueve años el Festival de Spoleto en EEUU, es director artístico y director principal de la Orquesta Filarmónica Eslovena desde octubre de 2008, y mantiene también una carrera regular como director invitado -tanto de ópera como de concierto- en Europa y América.

Nacido en Estrasburgo en 1964, Emmanuel Villaume comenzó su educación musical en el Conservatorio de Estrasburgo y continuó sus estudios en París, donde se graduó en literatura, filosofía y musicología. Además estudió artes dramáticas, y participó en producciones teatrales. El autor de notables artículos musicológicos y monografías de investigación, fue nombrado Dramaturgo de la “Opéra du Rhin” en Estrasburgo a los 21 años de edad.

Durante su ejercicio en este cargo, llamó la atención de Spiros Argiris, director musical del Festival dei Due Mondi en Spoleto, Italia, quien lo invitó a dirigir y narrar las “Chansons de Bilitis” (Debussy) en 1987, a lo que siguió una invitación a realizar su debut en América en el Festival Spoleto USA de 1990 con “Le Nozze di Figaro”.

El Maestro Villaume ha aparecido con la Royal Opera House, Covent Garden para “Les Contes d´Hoffmann” y “La Rondine”; Lyric Opera of Chicago, para “Sansón y Dalila”; Washington National Opera, con “La Rondine”, “Norma”, “Le Cid”, “Les contes d´Hoffmann” y “Lucia de Lamermoor”; San Francisco Opera, con “Madame Butterfly”; Los Angeles Opera, con “Les Contes d’Hoffmann”, “La Rondine” y “Grande Duchesse”; Santa Fe Opera, con “Carmen”; etc.

Ha dirigido la Orquesta Sinfónica de Montreal en el Carnegie Hall; a la Sinfónica de Boston en el Symphony Hall y Tanglewood; las orquestas sinfónicas de Los Angeles, San Francisco, Houston, Indianápolis, St. Louis y Detroit; la Orquesta de Minnesota; la Orchestre de Paris; Orchestre Philharmonic de Radio France; Beethovenhalle Orchestra de Bonn; la Orquesta Filarmónica de Eslovaquia; las orquestas sinfónicas de Sydney, Melbourne y Brisbane; la Orquesta Sinfónica Siciliana; la Orchestra Verdi di Milano; y, en concierto, las orquestas de la Bastille Opera, Filarmónica de Monte Carlo, Teatro alla Scala, la Orquesta Metropolitana de Tokio y La Fenice (en esta última, una performance de “Les Troyens”, de Berlioz).

Durante la temporada 2005-2006, regresó a la Metropolitan Opera con “Sansón y Dalila”, protagonizada por Olga Borodina; a la Ópera Nacional de Washington, con “L´Elisir d´Amore”; Teatro Lirico di Cagliari, con “Cherubin” (Massenet); Los Angeles Opera, con “La Grande Duchesse de Gérolstein”, y apareció en los festivales de música de Aspen y Grant Park. Otras presentaciones incluyeron su debut en la Metropolitan Opera con “Madama Butterfly”, su regreso a la Royal Opera House, Covent Garden, con “La Rondine”, con Angela Gheorghiu.

Para más datos, podemos visitar su página web en: http://www.emmanuelvillaume.com/

Ahora los dejo con una obra a mi gusto excepcional: la Sinfonía No. 3, de Camille Saint-Säenz, en su segundo movimiento, con la Orquesta Sinfónica NHK, dirigida por Emmanuel Villaume; Suntory Hall, Tokio, 2008.

 

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Edison Denisov

julio 17, 2009

denisov1Nació: 6 de abril de 1929 – Tomsk, Siberia, Rusia

Murió: 24 de noviembre de 1996 – Paris, Francia

Edison (Vasil´yevich) Denisov fue un compositor ruso notable, innovador, y patriarca de la música rusa de vanguardia. Su padre (un ingeniero eléctrico) le dio el nombre en honor a Thomas Alva Edison. Estudió matemáticas en la Universidad de Moscú, graduándose en 1951, antes de decidir pasarse el resto de su vida componiendo. Esta decisión fue apoyada de forma entusiasta por Dmitri Shostakovich, quien le dio clases de composición. Desde 1951 y hasta 1956 Denisov estudió en el Conservatorio de Moscú: composición con Vissarion Shebalin, orquestación con Nikolai Rakov, análisis con Viktor Zuckerman y piano con Vladimir Belov. En 1959 ingresó en el staff docente del Conservatorio.

Edison Denisov fue uno de los compositores de la era soviética, que a fines de la década de 1950 y principios de la de 1960 se vieron arrastrados irresistiblemente y se inspiraron en la música europea contemporánea: Debussy, Stravinsky, Webern y Boulez, Béla Bártok y Nono. Cuando llegó a dominar nuevas técnicas de composición y nuevas formas de expresión, Denisov percibió la evolución de la música como la evolución de un lenguaje. Sus innovadoras obras allanaron el camino para una nueva fusión de las tradiciones rusas y europeas. Un astuto explorador de las posibilidades tonales, Denisov escribió obras instrumentales de un género empírico. Los títulos de sus piezas revelan un carácter lírico de matices sutiles, a menudo marcados por colores impresionistas.

Al igual que sus colegas vanguardistas, entre ellos Alfred Schnitke, Sofia Gubaidulina, Arvo Pjart, Tigran Mansurian, Boris Tischenko, y Valentin Silvestrov, todos etiquetados como compositores disidentes en la antigua URSS, Edison Denisov no esperaba escuchar su música tocada en un escenario durante los tiempos soviéticos. El pensamiento que los compositores de vanguardia oponían despersonalizaba el academicismo en la música y, lo que es peor, el hecho de que buscaban establecer un contacto directo con sus colegas europeos asustaba a los ideólogos culturales de la ex Unión Soviética. Era casi imposible para un compositor soviético estrenar su obra en el exterior, o recibir encargos de músicos extranjeros (para escribir una pieza). Denisov revirtió la situación.

El estreno europeo del “Sol de los Incas” de Denisov, una cantata basada en palabras de la poetisa chilena Gabriela Mistral (1964), tuvo un éxito impresionante. Denisov escribió artículos para periódicos y revistas extranjeras acerca de las nuevas tendencias de la música soviética, y utilizó sus contactos personales en Occidente para entregarles las partituras de obras compuestas por colegas soviéticos a músicos europeos.

Por otro lado, recibió una gran cantidad de partituras y grabaciones de música contemporánea de compositores europeos y americanos, y abrió su incomparable biblioteca musical para todos sus amigos, contribuyendo a la noble causa de la ilustración. Por más de treinta años Denisov “iluminó” a sus estudiantes del Conservatorio de Moscú, pero no fue hasta mucho más tarde que se le permitió enseñar composición.

La actividad iluminadora de Edison Denisov estaba dirigida hacia el futuro, pero tenía sus raíces históricas. Sacó del olvido a la vanguardia musical de la década de 1920, representada por Alexander Mosolov, Nikolai Roslavts, y Vladimir Deshevov; revivió la Asociación de Música Contemporánea, fundada en aquellos tiempos; ayudó a organizar el Ensamble de Música Contemporánea de Moscú en 1990… en resumen: creó las condiciones fundamentales para la música alternativa.

A principios de la década de 1990, respaldado por Gennady Rozhdestvensky, introdujo la práctica de una especie de mini-conferencias en concierto, que también fue muy importante. Le explicaba a la audiencia la esencia de una pieza que iba a ser interpretada, y respondía brevemente a sus preguntas. Tenía un particular don de explicar las cosas más complicadas en términos simples y comprensibles, y muy lacónicamente.

El legado de Denisov es en extremo diverso: un ballet basado en la “Confesión de un Niño del Siglo”, de Alfred de Musset, sinfonías, cantatas, oratorios, incluyendo un réquiem llamado “La historia de la Vida y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo”, unos veinte conciertos instrumentales, música de cámara, música coral y vocal. Escribió tres óperas, una de las cuales, “La espuma de los días”, basada en la novela de Boris Vian, le valió la membresía de la Orden Francesa de Literatura y Arte. En los años de 1990, siendo ya un compositor reconocido a nivel mundial, realizó una gira por todo el mundo, dando clases magistrales y formando parte de jurados en prestigiosas competencias de composición. Su música fue interpretada por los mejores músicos rusos y extranjeros: directores como Gennady Rozhdestvensky, Alexander Lazarev y Daniel Baremboin, el famoso “Ensemble Intercontemporain”, el violista Yuri Bashmet, el cellista Ivan Monigetti, el oboísta Heinz Holliger, el percusionista Mark Pekarsky, etc.

Edison Denisov wrote: “Work goes easily and freely when I have a direct contact with nature. I must be alone, only the rustle of leaves outside my window and birds flying up to me, or I must see white, pure snow colored by sunrays into miscellaneous and slowly changing hues. A splash of water in the distance, a thread of fog pulled over the lake, a symphony of colors in autumnal landscapes – nature gives me more than useless layers of fossilized academicalism”.

Edison Denisov escribía: “El trabajo se vuelve fácil y libre cuando tengo un contacto directo con la naturaleza. Tengo que estar solo, apenas el susurro de las hojas fuera de mi ventana y los pájaros volando hacia mí, o tengo que ver la nieve blanca, pura, coloreada por los rayos del sol en tonos variados y ligeramente cambiantes. El murmullo del agua en la distancia, un hilo de niebla sobre el lago, una sinfonía de colores en paisajes otoñales –la naturaleza me da más que las capas inútiles del academicismo fosilizado.

Traducido de: Bach Cantatas Website. Edison Denisov (composer)

véase el art. original en:

http://www.bach-cantatas.com/Lib/Denisov-Edison.htm

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MILY BALAKIREV 1837-1910

junio 9, 2009

 

Nació en Nizhny Novgorod, y murió en San Petersburgo, Rusia.

Su nombre completo era Mily Alekseyevich Balakirev; líder de un grupo de compositores rusos llamado “Los Cinco” (o “Los Poderosos Cinco”), que expresaba la importancia de tener una escuela nacionalista de música rusa. Fue concertista de piano, y asumió como director de la Escuela Libre de Música en 1862.

Compuso canciones, poemas sinfónicos, piezas para piano y música orquestal.

Balakirev recibió sus primeras lecciones de música por parte de su madre, y más tarde estudió con Alexander Dubuque y Karl Eisrich. A los 15 años empezó a componer, y siguió haciéndolo mientras perseguía a las matemáticas en la Universidad de Kazan, entre 1853 y 1855. Comenzó como pianista en concierto a fines de 1855, y cobijó bajo sus alas a cuatro jóvenes compositores, empezando con César Cui y Modesto Mussorgsky, luego Aleksandr Borodin y Nikolay Rimsky-Korsakov. Los cinco finalmente formaron lo que se conoce como “Los Poderosos Cinco” o “Los Cinco Rusos”.

Entre sus obras sobresalientes, están: la música de acompañamiento para el “Rey Lear” (de William Shakespeare), “Islamey” (fantasía oriental para piano), “Tamara” (poema sinfónico), “Piano Sonata”, “Sinfonía No. 2”, “Obertura sobre Temas Rusos”, y “Segunda Obertura sobre Temas Rusos”.

Se ha hablado mucho sobre la naturaleza autoritaria de Balakirev, casi hasta el punto de ser considerado un tirano, lo cual le valió muchos enemigos. Una cadena de luchas personales hizo que poco a poco se fuera retirando de la música. Finalmente regresó a su puesto en la Escuela Libre de Música, y siguió componiendo.

Islamey

La fantasía oriental “Islamey”, de Mily Balakirev, ha asumido una infame aunque irresistible reputación en el repertorio pianístico. Durante un cierto tiempo, Islamey fue promocionado ampliamente como la obra más difícil técnicamente en la literatura, hasta el punto que Ravel expresó su deseo de hacer su conjunto de piezas, Gaspard de la Nuit, “más difícil que el Islamey de Balakirev”.

Influenciado por la música oriental, Islamey es una obra que consta de tres partes. El motivo de apertura introduce el material temático principal de la fantasía, que se embellece a través del uso de terceras dobles, octavas en figuraciones y otros artilugios pianísticos a lo largo de toda la obra. La primera parte de la obra procede en gran parte del motivo inicial. La segunda parte es tal vez la más oriental de las tres. La escritura lenta, de ensueño, exótica, aquí se presenta en marcado contraste con las otras tres partes, rimbombantes y fogosas; curiosamente, a menudo la belleza de esta sección media pasa inadvertida para quienes desestiman a Islamey como una pieza con poca, o ninguna, sustancia musical. A su debido tiempo, la obra ingresa en su tercera sección, regresando al material temático de la apertura, llegando finalmente a una impresionante coda tan emocionante para el pianista como para el oyente.

Islamey fue estrenada por el pianista Nikolai Rubinstein, además de ser defendida por pianistas de la talla del mismísmo Franz Liszt. Conserva su reputación como un tremendo desafío técnico para los pianistas; la escritura es pianística y natural en su mayor parte, llena de octavas, escalas y notas dobles. La ejecución en vivo es un poco arriesgada (bastante) aún para el más entrenado de los pianistas, pero la naturaleza electrizante de la tarea hace que todos los riesgos valgan la pena.

Fuente Consultada:

Piano Society

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Claudio Abbado

mayo 11, 2009

Claudio Abbado es uno de los mejores directores de orquesta de fines del siglo XX y principios del XXI. Ha ocupado varios puestos de gran prestigio, cada uno de los cuales sería un logro supremo para un director, y su presencia musical tanto en los conciertos como en las grabaciones ha dejado un innegable legado de excelencia.

Sus raíces se remontan hacia una prominente familia mora expulsada de España en 1492, que, según se dice, habría incluído al arquitecto de la Alhambra. Su padre fue Michelangelo Abbado, un violinista y profesor que les dio, a Claudio y a su hermano Marcello, sus primeras lecciones de piano (Marcello se convirtió en pianista y compositor).

Claudio estudió en el Conservatorio de Milán, graduándose en 1955 con un certificado en piano. Mientras estuvo allí, también estudió dirección de orquesta con Antonio Votto. En 1955, estudió piano con Friedrich Gulda en Salzburgo, y luego (entre 1956 y 1958) asisitó a clases de dirección orquestal dictadas por Hans Swarowsky, en la Academia de Música de Viena.

En 1958, hizo su debut (como director) en Trieste, y ganó el Concurso Koussevitzky en Tanglewood. Esto lo llevó a participar en varios teatros y orquestas provinciales, y a ocupar un puesto como profesor en el Conservatorio de Parma. Después de ganar el Premio Dimitri Mitropoulos en 1963, se le concedió un puesto de cinco meses en la Filarmónica de Nueva York, orquesta con la que hizo su debut profesional americano el 7 de abril de 1963. El año 1965 señaló su debut con la Filarmónica de Viena en el Festival de Salzburgo, pero más todavía marcó el retorno a su ciudad natal en Milán, para dirigir en La Scala. Dirigiría allí nuevamente en 1967, convirtiéndose en director residente de la compañía en 1968; finalmente fue nombrado director musical en 1971.

Abbado fue reconocido por haber elevado los estándares interpretativos en La Scala, y por ampliar su repertorio. También organizó a sus músicos dentro de la “Orchestra della Scala”, por cuyas interpretaciones de obras de compositores tales como Schoenberg, Nono, Ligeti, Stockhausen, y Berio, Abbado se ganó particulares elogios como intérprete de obras modernas.

En 1971, fue nombrado director principal en la Filarmónica de Viena. Poco tiempo después, estableció relaciones con la Orquesta Sinfónica de Londres, convirtiéndose en su director principal en 1979, y finalmente director musical, un cargo que sostuvo hasta 1988. Otras actividades durante este periodo incluyeron la fundación de la “European Community Youth Orchestra” (Orquesta Joven de la Comunidad Europea, EUYO), la Orquesta de Cámara de Europa, y la Orquesta de Cámara Juvenil Gustav Mahler.

Durante el periodo 1982-1986, Abbado se desempeñó como director invitado en la Orquesta Sinfónica de Chicago; después, fue nombrado director musical de la Ópera Estatal de Viena. Los vieneses además lo honraron nombrándolo director musical general de la ciudad. Durante su ejercicio, fundó (1988) el festival de música contemporánea “Viena Moderna” (Wien Modern), que creció muchísimo hasta abarcar todas las formas del arte contemporáneo.
Abbado le sucedió a Herbert von Karajan como director de la Filarmónica de Berlín en 1989. En 1991, renunció a su cargo en la Ópera Estatal de Viena, pero no obstante ha mantenido su presencia en la ciudad a través del premio anual vienés para jóvenes compositores. En 1994, ocupó otro puesto que alguna vez había sido ocupado por Karajan: la dirección del Festival de Pascua de Salzburgo.

Claudio Abbado es un magnífico director, que disfruta de la belleza del tono. Su extensa discografía incluye las obras sinfónicas completas de Mahler, Schubert, Ravel, Tchaikovsky, Mendelssohn y Beethoven, y muchas otras grabaciones.

Traducido de: Joseph Stevenson, All Music Guide

véase el art. original en:
http://www.classicalarchives.com/artist/9087.html#about

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Vladimir Horowitz

marzo 28, 2009

  • Vladimir Horowitz era conocido por su riguroso entrenamiento: “Si yo no practico por un día, me entero. Si no practico por dos días, mi esposa se entera. Si no practico por tres días, el mundo se entera”.
  • Horowitz dejó Rusia en 1928 para tocar en Estados Unidos. Nunca más vio a su familia.
  • Se casó con la hija del gran Arturo Toscanini.
  • El padre de Horowitz le quitó un año a la edad de su hijo para evitar que lo enlistaran en el ejército. ¡No quería que Vladimir perdiera sus dedos!
  • Ganó 25 Premios Grammy, incluyendo mejor interpretación clásica y álbum del año.

1 de Octubre de 1903 (Kiev, Ucrania) – 5 de Noviembre de 1989 (Nueva York)

Sus padres eran Simeon Horowitz, ingeniero electricista, y Sophie Bodik, excelente pianista.

Cuando todavía era un niño, su madre comenzó a enseñarle piano, una vez que se dio cuenta de que el niño poseía un don natural para ello. Le enseñó durante varios años, hasta que ingresó en el Conservatorio de Kiev, en 1912.

En el Conservatorio tuvo como maestros a Vladimir Puchalsky, Sergei Tarnowski y Felix Blumfeld. Se graduó en 1919; el 30 de mayo de 1920, con solamente dieciséis años de edad, Horowitz dio su primer recital como solista. Dos años más tarde, brindó una serie de quince conciertos en Kharkov, obteniendo comida y ropa en vez de dinero. Fue durante estos conciertos, sus primeros conciertos, cuando Horowitz empezó a construir su reputación.

Tras completar varios exitosos conciertos en Moscú, Kiev y Leningrado, Horowitz inició su carrera internacional. Su primer concierto fuera de Rusia tuvo lugar en Berlín (1926), y rápidamente le siguieron conciertos en Londres, Hamburgo y París. Su fama se extendía como un fuego descontrolado.

En 1928, Arthur Judson (un “manager” norteamericano de conciertos) se le acercó después de una de sus presentaciones en Francia. Judson lo contrató para que diera una serie de conciertos en los Estados Unidos. Esta gira norteamericana consolidó su fama, su fortuna, y su reputación.

Su excelsa interpretación pianística le valió una llamada de la Casa Blanca en 1931, y se le pidió que tocara para el entonces presidente Hoover. En 1932 conoció a Arturo Toscanini, y tocó por primera vez bajo su dirección.

En 1933 Vladimir se casó con la hija de Toscanini (Wanda); aunque los dos eran absolutamente incapaces de hablar el idioma del otro, podían sí hablar en francés.

En este momento de su vida, el temor de Horowitz ante las presentaciones en público (miedo escénico) se hizo aún más evidente, llegando incluso a cancelar conciertos a último minuto. En 1953 se retiró de los escenarios, pero a pesar de ello realizó varias grabaciones en su propia casa.

A pesar de su ausencia, su popularidad permanecía intacta gracias a sus grabaciones. En un esfuerzo por superar sus ansiedades, Horowitz recibió varias terapias, pero no mostró ninguna mejoría.

No obstante, Horowitz tocó en varias presentaciones televisadas, y firmó contratos con varias compañías discográficas, llegando a grabar un montón de álbumes durante las décadas de 1960 y 1970.

Volvió a Rusia en 1986 para dar varios conciertos. En su regreso histórico fue recibido con gran entusiasmo, en una época en que los vínculos entre Estados Unidos y Rusia se fortalecían nuevamente.

Tres años más tarde, Vladimir Horowitz fallecía de un ataque cardíaco masivo en su hogar, en Nueva York.

Vladimir Horowitz interpreta a Chopin: Balada No.1 en Sol menor, Op.23

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Mozart: Concierto para Violín no.3; Sinfonía no.41, “Júpiter”, etc.

marzo 3, 2009

En los diez últimos años de su vida, Mozart raramente tocó el violín en público, concentrándose más bien en el piano, y confinando su ejecución de cuerdas a la música de cámara con amigos, donde tocaba tanto el violín como la viola.

Pero su padre, Leopold, quien en el año del nacimiento de Mozart publicaba el famoso “Violin Method”, insistía en que su hijo podía convertirse en el violinista más fino de Europa si se aplicaba un poco más. A partir de comentarios del propio Mozart, se sabe que se preocupaba menos por el virtuosismo en el instrumento que por la claridad, la pureza del sonido y sobre todo la sensibilidad de la interpretación.

Casi todas sus obras para violín y orquesta fueron compuestas en Salzburgo entre 1773 y 1776, durante su periodo como director de la orquesta del Arzobispo –“aquellos vulgares, desaseados y disolutos músicos”, como los llamaba, sin dudas estaban resentidos por ser dirigidos por un simple adolescente, aunque talentoso.

La mayor parte de lo que Mozart compuso para ellos era música convencional para auditorios convencionales, pero por supuesto, Mozart estaba lejos de ser un muchacho convencional, y en sus conciertos de violín, como en casi todo lo que escribió durante estos años, podemos escuchar una etapa de su lenta maduración que armonizaba y refinaba todos los estilos de su época en un lenguaje personal de suprema flexibilidad y expresividad.

El Tercer Concierto para Violín, compuesto en septiembre de 1775, comienza con un tema tomado prestado de su ópera “Il re pastore”, compuesta un poco antes en el mismo año; el canto del violín y el diálogo cerrado que se establece entre el solista y la orquesta son elocuentes, como en todas las áreas operísticas.

En el movimiento lento, las flautas reemplazan a los oboes (en la época de Mozart los mismos músicos de la orquesta tocaban ambos instrumentos) y este dulce tono, junto con los violines en sordina y el pizzicato de los violonchelos y contrabajos… da la impresión de una orquesta que se retira para permitir un "cantilene du soloist", con un torrente de pura melodía vocal.

El final nos reserva varias sorpresas. En un momento dado, la música se detiene y el solista se lanza en una elegante gavota en clave menor; sin embargo, antes de llegar a la conclusión, el solista cambia de dirección otra vez con una robusta canción folklórica. Otra de las sorpresas es una discreta conclusión reservada a los instrumentos de viento.

A partir de su destitución sin ceremonias del servicio del Arzobispo (1781), Mozart depende de los gustos de un público más amplio, pero nunca deja de estudiar las obras de otros compositores. Por ejemplo, Haydn fue un constante modelo y ejemplo para Mozart. Y a principios del decenio de 1780 encuentra una gran cantidad de música de Handel y Bach (poco conocidos).

En Bach descubrió que el contrapunto estricto era mucho más que una disciplina académica o un estilo antiguo justo para la música litúrgica: era un lenguaje musical de una extraordinaria profundidad. El “Adagio y Fuga en Do menor” : la Fuga fue compuesta para dos pianos en 1783, y cinco años más tarde la prologa (compone un Adagio cromático para servirle de introducción, reescribiendo la obra para cuerdas). Entra en su catálogo el 26 de junio de 1788, el mismo día en que terminaba la Sinfonía en Mi bemol K543, la primera de su grupo final de tres sinfonías.

Se ha especulado mucho acerca de por qué Mozart compuso estas tres sinfonías en el verano de 1788. Dado su sentido práctico y su “más que aguda” necesidad de dinero en aquel momento, la explicación menos probable es que las haya escrito a raíz de un simple impulso interior, sin ninguna performance a la vista.

Lo más probable es que las tres sinfonías estuvieran destinadas a una serie de conciertos “por suscripción” que Mozart esperaba producir ese verano. Pero, lamentablemente, la popularidad de Mozart en Viena estaba disminuyendo, y solamente hubo un concierto; sin embargo, una o más de las sinfonías pudieron haber sido interpretadas durante su gira por Alemania, al año siguiente.

Otra posibilidad, intrigante, es que las sinfonías estuvieran destinadas a una visita a Londres que Mozart tenía prevista para 1788 (pero nunca fue).

Un aspecto notable de las tres sinfonías es su variedad de estilo y atmósfera, desde la serenidad del Mi bemol, pasando por la apasionada intensidad del Sol menor, hasta el esplendor del Do mayor. Esta comienza con un gesto musical mucho más formal en la tradición de las sinfonías ceremoniales en Do mayor con prominentes partes destinadas a las trompetas y los timbales.

Pero sin embargo, esta aparente formalidad exterior se ve contrastada de inmediato por una dulce frase lírica de las cuerdas, una oposición que domina todo el primer movimiento. La grandeza es agitada, constantemente socavada por momentos de intimidad, drama, o humor subversivo…

Por otra parte, la inquietud también marca el Andante, donde las trompetas y los timbales se silencian, y las cuerdas suenan en sordina. Un fraseo irregular, las modulaciones en claves remotas y disonancias cromáticas inquietantes contribuyen a dar un universo de complejas emociones que apenas podría presagiarse en las inocentes frases de la obertura.

El tempo del menueto y el trío es el de la tradicional danza cortesana, pero el carácter de la música densamente resuelto con discretos pasajes contrapuntísticos los eleva mucho más allá del simple carácter de una danza.

El final es el punto cúlmine del amor de Mozart por el contrapunto: combina la energía y el “momentum” de un rápido movimiento de sonata, con recursos contrapuntísticos más intrincados.

Los cinco temas (muchos insinuados al principio de la sinfonía) aparecen en diferentes formas, y la coda termina en una sorprendente combinación de los cinco, un final glorioso para la producción sinfónica de Mozart. No sabemos quién le dio a esta sinfonía el nombre de Júpiter; quizás fue Johann Peter Salomon, un violinista y empresario que invita a Haydn a Londres en los años de 1790. Es un raro caso de apodo musical adecuado, porque la última sinfonía de Mozart tiene algo astronómico en su perfección.