Archive for 31 marzo 2009

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VLADIMIR HOROWITZ – G. BIZET – CARMEN VARIATIONS

marzo 31, 2009

 

Ciertamente, Sara es la culpable de mis últimos 2 post en esta pagina, porque? puesto que gracias a su publicación sobre Vladimir Horowitz, he publicado (post anterior) un video donde ejecuta una obra de Alexander Scriabin, pero ahora, cambiando un poco el estilo, dejo aquí otro de mis grandes favoritos, hablando de videos donde podemos ver al gran Horowitz. Esta vez pueden verlo y escucharlo ejecutando un arreglo hecho por el a una obra de Bizet muy conocida, “Carmen”. El arreglo es francamente excelente aunque desconozco un poco sobre lo que Horowitz hizo con esta obra, no se realmente si el hizo un arreglo pequeño o algo muy fuerte pues es la única versión que conozco de Carmen en piano, pero a pesar de ello, la obra es mas que excelente, y su ejecución, como ya sabrán… no deja nada que desear.

Disfruten de esta obra y abran bien los ojos por que en la ultima parte del video verán a Horowitz mover las manos como si tuviese un poco de prisa (aparte de que la calidad de los videos de youtube no suele ser lo mejor…), en fin, Disfruten de esta obra que es de lo mejor.

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A. SCRIABIN – ETUDE OP.8 N.12 – VLADIMIR HOROWITZ

marzo 31, 2009

Sin duda, uno de los pianistas mas grandes del siglo pasado, y para mi, uno de los mas grandes pianistas que he podido escuchar en mis años de vida, considerado por mi como uno de los titanes del piano en toda la historia.

Después de ver la ultima publicación que hizo mi amiga Sara, realmente me dieron ganas de ver un video que… digamos, lo he visto ya unas, 5 o 6… no, tal vez unas 14 o 15… aunque ciertamente tal vez lo he visto unas 65 o 70 veces… bueno, ciertamente lo he visto bastante desde hace ya algunos años, y obviamente al leer el articulo que nos dejo Sara sobre Vladimir Horowitz, no pude resistir la tentación de ir a esta famosísima pagina de videos (YouTube… al cabo no tenemos patrocinadores), y ver unas cuantas veces mas este video que les dejo aquí puesto que no pude evitar compartir un video donde el mismísimo Vladimir Horowitz toca una obra de un gran compositor llamado Alexander Scriabin.

Asi que, disfruten ver y escuchar al gran Horowitz ejecutando el Estudio Op.8 N.12 de Scriabin.

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Vladimir Horowitz

marzo 28, 2009

  • Vladimir Horowitz era conocido por su riguroso entrenamiento: “Si yo no practico por un día, me entero. Si no practico por dos días, mi esposa se entera. Si no practico por tres días, el mundo se entera”.
  • Horowitz dejó Rusia en 1928 para tocar en Estados Unidos. Nunca más vio a su familia.
  • Se casó con la hija del gran Arturo Toscanini.
  • El padre de Horowitz le quitó un año a la edad de su hijo para evitar que lo enlistaran en el ejército. ¡No quería que Vladimir perdiera sus dedos!
  • Ganó 25 Premios Grammy, incluyendo mejor interpretación clásica y álbum del año.

1 de Octubre de 1903 (Kiev, Ucrania) – 5 de Noviembre de 1989 (Nueva York)

Sus padres eran Simeon Horowitz, ingeniero electricista, y Sophie Bodik, excelente pianista.

Cuando todavía era un niño, su madre comenzó a enseñarle piano, una vez que se dio cuenta de que el niño poseía un don natural para ello. Le enseñó durante varios años, hasta que ingresó en el Conservatorio de Kiev, en 1912.

En el Conservatorio tuvo como maestros a Vladimir Puchalsky, Sergei Tarnowski y Felix Blumfeld. Se graduó en 1919; el 30 de mayo de 1920, con solamente dieciséis años de edad, Horowitz dio su primer recital como solista. Dos años más tarde, brindó una serie de quince conciertos en Kharkov, obteniendo comida y ropa en vez de dinero. Fue durante estos conciertos, sus primeros conciertos, cuando Horowitz empezó a construir su reputación.

Tras completar varios exitosos conciertos en Moscú, Kiev y Leningrado, Horowitz inició su carrera internacional. Su primer concierto fuera de Rusia tuvo lugar en Berlín (1926), y rápidamente le siguieron conciertos en Londres, Hamburgo y París. Su fama se extendía como un fuego descontrolado.

En 1928, Arthur Judson (un “manager” norteamericano de conciertos) se le acercó después de una de sus presentaciones en Francia. Judson lo contrató para que diera una serie de conciertos en los Estados Unidos. Esta gira norteamericana consolidó su fama, su fortuna, y su reputación.

Su excelsa interpretación pianística le valió una llamada de la Casa Blanca en 1931, y se le pidió que tocara para el entonces presidente Hoover. En 1932 conoció a Arturo Toscanini, y tocó por primera vez bajo su dirección.

En 1933 Vladimir se casó con la hija de Toscanini (Wanda); aunque los dos eran absolutamente incapaces de hablar el idioma del otro, podían sí hablar en francés.

En este momento de su vida, el temor de Horowitz ante las presentaciones en público (miedo escénico) se hizo aún más evidente, llegando incluso a cancelar conciertos a último minuto. En 1953 se retiró de los escenarios, pero a pesar de ello realizó varias grabaciones en su propia casa.

A pesar de su ausencia, su popularidad permanecía intacta gracias a sus grabaciones. En un esfuerzo por superar sus ansiedades, Horowitz recibió varias terapias, pero no mostró ninguna mejoría.

No obstante, Horowitz tocó en varias presentaciones televisadas, y firmó contratos con varias compañías discográficas, llegando a grabar un montón de álbumes durante las décadas de 1960 y 1970.

Volvió a Rusia en 1986 para dar varios conciertos. En su regreso histórico fue recibido con gran entusiasmo, en una época en que los vínculos entre Estados Unidos y Rusia se fortalecían nuevamente.

Tres años más tarde, Vladimir Horowitz fallecía de un ataque cardíaco masivo en su hogar, en Nueva York.

Vladimir Horowitz interpreta a Chopin: Balada No.1 en Sol menor, Op.23

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Mozart: Concierto para Violín no.3; Sinfonía no.41, “Júpiter”, etc.

marzo 3, 2009

En los diez últimos años de su vida, Mozart raramente tocó el violín en público, concentrándose más bien en el piano, y confinando su ejecución de cuerdas a la música de cámara con amigos, donde tocaba tanto el violín como la viola.

Pero su padre, Leopold, quien en el año del nacimiento de Mozart publicaba el famoso “Violin Method”, insistía en que su hijo podía convertirse en el violinista más fino de Europa si se aplicaba un poco más. A partir de comentarios del propio Mozart, se sabe que se preocupaba menos por el virtuosismo en el instrumento que por la claridad, la pureza del sonido y sobre todo la sensibilidad de la interpretación.

Casi todas sus obras para violín y orquesta fueron compuestas en Salzburgo entre 1773 y 1776, durante su periodo como director de la orquesta del Arzobispo –“aquellos vulgares, desaseados y disolutos músicos”, como los llamaba, sin dudas estaban resentidos por ser dirigidos por un simple adolescente, aunque talentoso.

La mayor parte de lo que Mozart compuso para ellos era música convencional para auditorios convencionales, pero por supuesto, Mozart estaba lejos de ser un muchacho convencional, y en sus conciertos de violín, como en casi todo lo que escribió durante estos años, podemos escuchar una etapa de su lenta maduración que armonizaba y refinaba todos los estilos de su época en un lenguaje personal de suprema flexibilidad y expresividad.

El Tercer Concierto para Violín, compuesto en septiembre de 1775, comienza con un tema tomado prestado de su ópera “Il re pastore”, compuesta un poco antes en el mismo año; el canto del violín y el diálogo cerrado que se establece entre el solista y la orquesta son elocuentes, como en todas las áreas operísticas.

En el movimiento lento, las flautas reemplazan a los oboes (en la época de Mozart los mismos músicos de la orquesta tocaban ambos instrumentos) y este dulce tono, junto con los violines en sordina y el pizzicato de los violonchelos y contrabajos… da la impresión de una orquesta que se retira para permitir un "cantilene du soloist", con un torrente de pura melodía vocal.

El final nos reserva varias sorpresas. En un momento dado, la música se detiene y el solista se lanza en una elegante gavota en clave menor; sin embargo, antes de llegar a la conclusión, el solista cambia de dirección otra vez con una robusta canción folklórica. Otra de las sorpresas es una discreta conclusión reservada a los instrumentos de viento.

A partir de su destitución sin ceremonias del servicio del Arzobispo (1781), Mozart depende de los gustos de un público más amplio, pero nunca deja de estudiar las obras de otros compositores. Por ejemplo, Haydn fue un constante modelo y ejemplo para Mozart. Y a principios del decenio de 1780 encuentra una gran cantidad de música de Handel y Bach (poco conocidos).

En Bach descubrió que el contrapunto estricto era mucho más que una disciplina académica o un estilo antiguo justo para la música litúrgica: era un lenguaje musical de una extraordinaria profundidad. El “Adagio y Fuga en Do menor” : la Fuga fue compuesta para dos pianos en 1783, y cinco años más tarde la prologa (compone un Adagio cromático para servirle de introducción, reescribiendo la obra para cuerdas). Entra en su catálogo el 26 de junio de 1788, el mismo día en que terminaba la Sinfonía en Mi bemol K543, la primera de su grupo final de tres sinfonías.

Se ha especulado mucho acerca de por qué Mozart compuso estas tres sinfonías en el verano de 1788. Dado su sentido práctico y su “más que aguda” necesidad de dinero en aquel momento, la explicación menos probable es que las haya escrito a raíz de un simple impulso interior, sin ninguna performance a la vista.

Lo más probable es que las tres sinfonías estuvieran destinadas a una serie de conciertos “por suscripción” que Mozart esperaba producir ese verano. Pero, lamentablemente, la popularidad de Mozart en Viena estaba disminuyendo, y solamente hubo un concierto; sin embargo, una o más de las sinfonías pudieron haber sido interpretadas durante su gira por Alemania, al año siguiente.

Otra posibilidad, intrigante, es que las sinfonías estuvieran destinadas a una visita a Londres que Mozart tenía prevista para 1788 (pero nunca fue).

Un aspecto notable de las tres sinfonías es su variedad de estilo y atmósfera, desde la serenidad del Mi bemol, pasando por la apasionada intensidad del Sol menor, hasta el esplendor del Do mayor. Esta comienza con un gesto musical mucho más formal en la tradición de las sinfonías ceremoniales en Do mayor con prominentes partes destinadas a las trompetas y los timbales.

Pero sin embargo, esta aparente formalidad exterior se ve contrastada de inmediato por una dulce frase lírica de las cuerdas, una oposición que domina todo el primer movimiento. La grandeza es agitada, constantemente socavada por momentos de intimidad, drama, o humor subversivo…

Por otra parte, la inquietud también marca el Andante, donde las trompetas y los timbales se silencian, y las cuerdas suenan en sordina. Un fraseo irregular, las modulaciones en claves remotas y disonancias cromáticas inquietantes contribuyen a dar un universo de complejas emociones que apenas podría presagiarse en las inocentes frases de la obertura.

El tempo del menueto y el trío es el de la tradicional danza cortesana, pero el carácter de la música densamente resuelto con discretos pasajes contrapuntísticos los eleva mucho más allá del simple carácter de una danza.

El final es el punto cúlmine del amor de Mozart por el contrapunto: combina la energía y el “momentum” de un rápido movimiento de sonata, con recursos contrapuntísticos más intrincados.

Los cinco temas (muchos insinuados al principio de la sinfonía) aparecen en diferentes formas, y la coda termina en una sorprendente combinación de los cinco, un final glorioso para la producción sinfónica de Mozart. No sabemos quién le dio a esta sinfonía el nombre de Júpiter; quizás fue Johann Peter Salomon, un violinista y empresario que invita a Haydn a Londres en los años de 1790. Es un raro caso de apodo musical adecuado, porque la última sinfonía de Mozart tiene algo astronómico en su perfección.